Synapses axiomatique

"Un lieu d'expérimentation, de lire et de penser"
"A place to experiment, read and think"

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Pensamiento




¿Cómo se puede expresar un pensamiento si de algo tan insignificante aparece un mar de ideas que a su vez se compone de incalculables gotas? ¿Cómo imprimir lo irrealizable?, ¿Es acaso la virtud del que se considera genio mostrar el proceso?  ¿O es su finalidad “superiorizarse” entre los mundanos? ¿Qué es destacarse en algo, sino un acto de orgullo desmedido, y el alimento del ego inútil que nos posee? 

Eiji Mnemonic

Te veo




Yo te vi entre caminos de piedra y adoquín, entre calles olvidadas y viejas, te vi en mis pensamientos ígneos y te veo ahora, aunque tú no, ¿Pero que ve el viento a las aves o el universo a una estrella? ¿Qué ve tu mirada impura? ¿Qué cubre el lienzo que ostenta el palacio de marfil? Desciendo en pesares cuando te veo. ¿Porque te veo?  Siento tus ojos, y siento las curvas que dan tus pestañas, y camino en tus pies por una playa de rocas, por lugares imposibles como una flor de fuego; quemando en la frente una idea insensata que me transporta en el tiempo y el espacio y me hace dudar de mis actos, la ilusión de la huída de una cinta en blanco y negro; las palabras que rozan el aire y lo seducen en cámara lenta. Las correas invisibles que tiran del pecho hacia fuera, porque quiere probar el sabor dulce y metálico de tus besos. La guerra declarada que nunca se consuma y es borrada como un oasis en un día de sed; las palabras que nunca se van a leer o ya se leyeron.
Te vi.

Eiji Mnemonic

martes, 3 de diciembre de 2013

Luces y belleza


¿Como hace el cuerpo para sostener tanta belleza? 
Aunque es en la mirada que se concentran las luces. 
Y esa ambigüedad de sonrisa, que duda y que convence, no se a que. 
La puerta abierta que muestra el universo y las cascadas de la esencia del todo.

Eiji Mnemonic

Casa Barkeley




Caminé por el corredor del vestíbulo tan lentamente que en cada paso sentí que dejaba una parte de mí, las paredes tenían un estampado tétrico, y lo poco que se veía del diseño original las hacía parecer mucho peor;  escuché los campanazos de la iglesia y al unisonó empezaron a sonar los relojes de la casa, se me erizaron los pelos; eran antiguos y estaban llenos de polvo y hollín. Al parecer hubo un pequeño incendio en la sala de estar; se dice en el vecindario, que el Sr. Barkeley  murió quemado mientras dormía en su reposera, lo que nunca se confirmó fue si era cierto lo que decían de su esposa, la Sra. Mary Hüell. Algunos creían que ella lo había intentado envenenar en varias ocasiones, y al parecer ese día había salido de su casa, aunque nadie pudo comprobarlo. Había un muchacho tonto, llamado Raily, que hacía de mandadero para la señora, y cada tanto se le veía merodeando en el patio trasero de la casa, el Sr. Barkeley lo detestaba, decía que era un desperdicio de ser humano y desconfiaba de la fidelidad de su esposa en cuanto al chico, muy a menudo le golpeaba hasta el cansancio dejándolo tirado en el barro al lado de la fuente; tenían un patio inmenso, que en su apogeo debería haber sido hermoso, con todo tipo de flores y arboles; ahora solo quedaba un vestigio de esas épocas, épocas en las que el sol brillaba en la casa Barkeley.
Cuanto más me adentraba en la casa, más oscuro se ponía todo, se podían ver todo tipo de cuadros, desde lo hermoso a lo funesto y horrible, como gente muriendo desangrada por empalamiento o miembros amputados,  podía sentir mis propios latidos, y como iban acelerándose cada vez más, ¿Qué tenía este lugar que no me dejaba irme aunque estuviera temblando? Era como si fuese atraído; como un sonámbulo dando vueltas en la noche, seguía caminando y no podía detenerme, pero ¿quién iba a despertarme? Era la casa y yo, yo y la casa, no me importaba otra cosa, solo quería continuar el camino que nadie se aventuró a terminar. Había un silencio insoportable, que solo hacía crecer el temor, agonizando, como si estuviera expectante de mí, y me guiara lentamente, cada vez que se rompía, era con un crujido de madera, de los pisos secos por el descuido del tiempo. 

Eiji Mnemonic


Flor de loto


Entre la oscuridad de la noche emana la flor amarilla y como flamantes banderas, aletean sus alas las aves nocturnas. La luna, flota en un mar azulado y las estrellas no se animan a brillar demasiado. Y se escucha un susurro ya conocido que pregunta fervientemente: ¿Dónde esta nuestra respuesta? ¿Acaso recordamos lo que era antes?
El cuerpo que sostiene a la ilusión y la deja caer en pedazos, esperando la sagrada realidad. Esa sinfonía que recuerda a no estar solo.
Aprendo y muero, desconozco y vivo, la chance de la existencia fulminante y el final.


Eiji Mnemonic

Ilusión


En determinado momento me vi embebido en un sueño inconstante, una mezcla entre realidad y fantasía, y sentí el sabor del fruto dulce, y mis ojos giraron en compases abiertos y cruzados.
Más mi cuerpo bañado en la opulencia del cansancio, flotaba dulcemente por los confines del camino, si es que este realmente existía.
¿Y que es nuestra realidad, sino mas que una mera ilusión?
El engaño imperecedero de los sentidos, la mentira, la verdad; dos caras de una misma moneda, la serpiente que engulle el universo y que en su estomago en un mar de alquimia lo transforma nuevamente, una y otra vez.


Eiji Mnemonic

lunes, 30 de septiembre de 2013

El día en que me di cuenta que era una máquina


El día en que me di cuenta que era una máquina




Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto. Estaba tumbado sobre su espalda dura, y en forma de caparazón y, al levantar un poco la cabeza veía un vientre abombado, parduzco, dividido por partes duras en forma de arco, sobre cuya protuberancia apenas podía mantenerse el cobertor, a punto ya de resbalar al suelo. Sus muchas patas, ridículamente pequeñas en comparación con el resto de su tamaño, le vibraban desamparadas ante los ojos.
(Franz Kafka)


Cuando abrí mis ojos, lo primero que vi fueron unos rayos de luz atravesando el polvo, dominante entre las cosas que hay en el dormitorio, después de posponer varias veces el despertador me levanté de la cama y sentado con las manos en la cara refunfuñé por la hora, nunca me gustó levantarme temprano, nunca. Un día normal, muy normal diría; cuando entré al baño mojé mi cara con agua fría para despabilarme un poco, aunque no me sirve de mucho; nunca tengo tiempo de desayunar así que salgo a paso rápido, no para llegar en hora, sino para no llegar tan tarde. Cuando no voy tan apurado me gusta observar a la gente y trato de no ser uno de ellos, de salir de los engranajes un rato, pero a veces la corriente te lleva aunque sepas nadar, y terminas siguiéndola como un pez buscando reproducirte, ¿Y que hacemos con eso?  ¿Qué hacemos con los minutos perdidos? ¿Si el tiempo es oro porque lo gastamos en cosas que no queremos hacer? ¿Por qué gastamos dinero que no tenemos en cosas que no necesitamos? ¿Por qué no nos maravillan esas “estupideces” ordinarias que están ahí para nosotros día a día? ¿Por qué despreciamos la sonrisa de un extraño? ¿Por qué somos tan nosotros? Tan “Yo”.
Alguno se puede cuestionar que es lo que enciende esa chispa, pero es lamentable que solo quede ahí y no hagamos nada para cambiarlo.

Cuando crucé la primera calle, después de esperar esos cuarenta segundos que siempre parecen eternos, me di cuenta que el sol estaba libre, radiante, como si se luciera entre las nubes lejanas, con ese brillo lleno de vida que tiene. Y en mi mente divagué pensamientos fútiles, embrollados, de cosas que se me ocurren, fantasías que parecen irrealizables, cosas de “arte”; porqué si hay algo que tengo, es imaginación y mucha. ¿Pero de que sirve eso siendo solo un número? ¿Para que sirve un camino que no recorremos? ¿Será que nos gusta estar marcados? Desde nuestro nacimiento no nos pertenecemos, le pertenecemos al sistema, le pertenecemos a nuestros padres, a la escuela, al liceo, a la calle, como si fuéramos un animal que  se engorda para la cena de fin de año, toda nuestra vida nos vamos engordando para darle vida, para componer una pieza más de este rompecabezas inmenso que  es nuestra existencia, esa existencia casi nula de a ratos.
Cada mañana veo las mismas caras largas, algunas  varían cada tanto, pero la mayoría caen en esa monotonía absurda, enervados o alienados, como si fueran mascaras de una galería, colgadas en todo el camino, a veces me olvido de mirarlos o me convenzo de no hacerlo, porque no quiero ver mis defectos en los demás, porque no quiero criticarme, criticando a alguien, pero lo hago, lo hacemos, ¿somos perfectos, no? La naturaleza, Dios, el cosmos o la Pachamama o quien carajos quieras creer, nos hizo “superiores”, nos hizo dominantes ¿no? Incluso con nosotros mismos, ni hablar de los animales “inferiores”.
Pero igual sigo caminando y voy mirando el reloj, contabilizando los minutos a mi llegada tardía, y pienso en las hormigas, pienso en cuanto y en tan poco nos parecemos, como si tomaras una idea y le sacaras las partes buenas; somos cada vez más fríos, mas distantes, ¿será que un día abandonamos nuestros sentimientos?
Y el sueño no alcanza para llenar lo podrido de la mente, y el tic-tac sigue sonando y sonando, como si no saliéramos jamás de ese círculo, que vuelve a repetirse una y otra vez, todos los días.

Mi desayuno, muy nutritivo, se alterna entre café y café negro, como si el destino supiera cual es mi color preferido, y empieza mi día normal, aburrido, monótono.


Eiji Mnemonic

viernes, 13 de septiembre de 2013

Existencia pasajera


A veces siento como si mi corazón se detuviera, como si el tiempo frenara para mí, dándome un respiro para pensar, para cuestionarme.
Los engranajes detenidos de una existencia nula, efímera, porque eso es la vida, un momento. Y qué hay de los miedos, que si los tengo desembocan en uno, el miedo al pasaje, al tiempo contaminado por el ocio, al aburrimiento que enerva el alma, el adiós sin provecho, sin sabor, pero ¿cómo hacemos para dejar la huella? ¿Cómo marcamos nuestro legado, nuestro paso? ¿Y porque queremos dejarlo? Como si fuera el saludo eterno, el recuerdo de un algo que ya no existe y que se pierde en las épocas. Tal vez sea para encontrar aceptación, para ser “parte de”, para estar ahí.

Eiji Mnemonic


jueves, 12 de septiembre de 2013

Límites


La reencarnación podría ser el limite de la naturaleza, la posibilidad de crear hasta cierto punto. La repetición de los esquemas, el número finito de combinaciones posibles que permiten la similitudes entre humanos. Como si tuviéramos una caja de piezas para encastrar una en otra, llegado el momento esas piezas comienzan a repetirse, lo que da como resultado una cantidad limitada de esas combinaciones.
Entonces, suponiendo que la reencarnación existe, la versión del ser que eres hoy podría haber sido similar a la de hace miles de años.

Eiji Mnemonic

Vacío Blanco



¿Y dónde está el último escalón?
Si caminando entre cadáveres no vemos la luz

¿Será que la niebla, esa húmeda niebla nos ha cegado?
El suelo no es muy firme en esta zona
tal vez es porque antes era un cementerio
Los cascabeles se escucharon dos veces, como si fueran un atrapa sueños sin terminar.

¿Y dónde está el primer escalón?
Si ya se olvidó de cuando aprendió a caminar

¿Será que sus ojos ya aprendieron a ver en la oscuridad?
El suelo no existe, tampoco existe mi cuerpo
tal vez es porque esto es el éter
No se puede escuchar nada, salvo un vacío incoherente
empezando a sonar.

Eiji Mnemonic

martes, 30 de julio de 2013

Telarañas



Donde está la otra mitad de la máscara, el engaño imperecedero que abruma la melancolía absurda, los ojos que se pierden en el vacío y las palabras que se ahogan sin consuelo.
Los pasos perdidos en una ciudad de luces tristes, apagadas. El olvido de lo bueno por preponderancia de lo malo, y la llama que lentamente nos va quemando hasta el final. El reflejo borroso que sintoniza el espejo y las cicatrices que se vuelven cada vez más oscuras, como recordándonos algo.
El éxodo robótico que nos lleva a la rutina incansable y las telarañas que forman nuestros pensamientos fútiles.

Eiji Mnemonic
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